El pasado domingo, el estadio de Pueblo Nuevo vibró con una pasión renovada, y uno de los protagonistas de esa noche inolvidable fue, sin duda, José Balza. El delantero del Deportivo Táchira F.C. se erigió como la figura del Clásico Andino al marcar dos de los cuatro goles con los que su equipo se impuso de manera contundente sobre Estudiantes de Mérida F.C.. Este doblete no solo selló una victoria vital, sino que también confirmó el excelente momento que atraviesa Balza, quien ya suma tres partidos consecutivos anotando y se perfila como un pilar fundamental en el esquema del técnico Pérez Greco.
Tras el encuentro, Balza compartió su alegría y el secreto detrás de su buen desempeño: la competencia sana y la unión del grupo. “Aprovecho la oportunidad que me da el profesor Pérez Greco, hay una competencia sana en el grupo. Trato de aportar con goles, asistencias, alentando a mis compañeros”, reveló el delantero, conocido cariñosamente como «el Chino». Su compromiso con el equipo es tan grande que incluso confesó haberle pedido al cuerpo técnico que el argentino Lucas Cano, quien selló la goleada, lo reemplazara en la cancha para tener su momento de gloria.

El doblete fue celebrado con el fervor de los más de 9 mil aficionados que colmaron las gradas del Templo del Fútbol venezolano. Para Balza, ambos goles tuvieron un significado especial. Si bien el primero representó la continuidad de su racha goleadora, fue el segundo el que tuvo un valor más profundo. “Disfruté el primer gol, pero me gustó más el segundo porque surgió del trabajo realizado en la semana”, afirmó. Esta declaración subraya la dedicación y el esfuerzo colectivo que hay detrás de cada logro individual en el equipo.
La clave del éxito, según Balza, va más allá de los goles y las victorias. El delantero aurinegro destacó que la unidad del plantel es la verdadera fortaleza del Deportivo Táchira. “La manera en que festejamos los goles demuestra la gran familia que somos y será muy difícil que nos superen”, sentenció. Esta afirmación no es solo una frase emotiva, sino un reflejo de los lazos inquebrantables que han forjado un equipo decidido a dejarlo todo en la cancha, con la convicción de que la unión y el trabajo duro son la fórmula para alcanzar la gloria.
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