La Vinotinto hizo que todas las expectativas fuesen la realidad

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Luis Vílchez / @lvilchez8.- “No voy a perder más la cabeza”, soltó José Peseiro luego del triunfo 2-1 ante Chile. Si el portugués le erró en la primera doble fecha al buscar a Colombia en Barranquilla y luego pecar de conservador con Paraguay, en noviembre invirtió la fórmula.

 

En Brasil se encerró y quedó con las manos vacías en puntos, pero con el alivio de zafar de una goleada que trastocara su pizarra de cara al duelo contra la Roja. A pesar de las bajas del capitán Tomás Rincón y sus dos laterales titulares (Roberto Rosales y Rolf Feltscher), el lusitano cambió el chip a un equipo más ofensivo y exorcizó los demonios de un rival que ha sido la bestia negra de la Vinotinto.

 

Para ser más incisivo demostró que no había que cambiar el 4-3-3, con el que el grupo se sintió cómodo en el ciclo de Rafael Dudamel y si quiera modificarlo necesitaría más entrenamientos. El sentido común indica que para juzgar la labor del luso hay que darle tiempo, pero los resultados pesan más que la lógica. Por eso tomó el testigo del yaracuyano, que en las diversas entrevistas previas a la competencia aclaró que le gustaba el trabajo defensivo que dejó, y prometió ser más ofensivo. Pero ¿cómo hacer esa transición? Con la presión. Si ante Paraguay y Brasil pocas veces apretaron la salida del rival, en Olímpico fueron a buscarles las cosquillas a Paulo Díaz y a Guillermo Maripán, a quienes se les vieron las costuras.

 

Un equipo coordinado y solidario, porque Darwin Machís y Jefferson Savarino no escatimaron esfuerzos. Sí, Savarino y no Yeferson Soteldo de titular. Cada partido es diferente y si bien es una de las principales razones de críticas a Peseiro la no titularidad del “10” del Santos, la labor de zuliano por derecha fue muy buena. Machís volvió a la izquierda, donde brilla en Europa y se mostró más cómodo. En muchas ocasiones hubo esa conexión entre Yangel Herrera como volante por derecha con el ex Mineros como puntero por izquierda. Una de esas sociedades que se fraguan en el día a día de los clubes y que toda selección debe aprovechar, más aún la de Venezuela.

 

 

Pero la propuesta no era solo presionar y al momento de tener el balón buscar a Salomón Rondón con un pelotazo. El equipo supo salir con el balón controlado, en especial, en la figura de Yordan Osorio. El ex Zamora solo tuvo un despiste en el minuto 79, pero ese error no desembocó en una acción de peligro. Un fallo natural del riesgo que implica esa forma de sacar el esférico, pero cuando se pone en la balanza los beneficios son más positivos que apostar siempre por el pase largo efectivo. Incluso de una salida de Osorio desembocó una acción clarísima. Una jugada que otro central hubiese reventado de puntín y para arriba, él tocó con Herrera en la banda, este verticalizó con Savarino, que luego dejó mano a mano a Machís; sin embargo, Claudio Bravo le achicó muy bien.

 

Se insiste en el tema de la presión, porque de ahí desemboca el primer gol. Rondón fue a morder a Maripán que se complicó y le sacó una falta. En el ciclo de Peseiro las jugadas a balón parado (ABP) han vuelto a ser una herramienta de peligro, que se extrañaba desde los tiempos de César Farías. Machís la colgó al segundo palo, Herrera la metió a la olla de cabeza y Luis Mago cumplió con el refrán: dos cabezazos en el área es gol. El lateral izquierdo llegó al duelo como blanco de críticas por su poca continuidad y sus inseguridades al jugar ante Brasil, pero ante Chile se llenó de confianza y tuvo un rendimiento para decir: “Aquí estoy, pueden contar conmigo”. Mientras que Alexander González, que ha alternado muchos periodos dentro y fuera de la selección, se entendió muy bien con Savarino y le dio profundidad al equipo. El ex Caracas fue otro que alzó la mano y dijo presente para ser tomado en cuenta en futuras citas.

 

El rival también jugó y por la banda izquierda de Venezuela fue indetenible. Cuando Alexis Sánchez combinó con Mauricio Isla, los corazones vinotintos se detenían. Así llegó el gol en una jugada en pared entre ambos, que culminó en un centro atrás, un rebote y un Arturo Vidal que castigó ante un Herrera que no lo referenció. Todo producto de un repliegue muy pronunciado tras el tanto de Mago. Aparte de los escalofríos que ocasionó esa dupla Sánchez-Isla, en la pelota quieta en contra Chile conectó la mayoría. Y es que en todos los centros que metió en el área, Wuilker Faríñez no dio la seguridad de los últimos dos juegos. En casi todas las jugadas se quedó a medio camino o dio rebote, incluso al final del encuentro la defensa sacó un balón casi en la raya. Muchas veces Faríñez ha salvado a su defensa, pero esta vez le devolvieron el favor.

 

El gol en contra no tumbó psicológicamente a una selección que cerró el primer tiempo con dos mano a mano. El ya mencionado de Machís y uno de Rondón, tras una asistencia de Herrera, pero que el delantero marró de forma insólita. Cabe destacar que el guaireño falló en el gol de Vidal, como también erraron muchos compañeros en esas jugadas por banda izquierda de la Vinotinto. Pero su partido fue soberbio: presionó, cortó, dio salida, ordenó, ganó duelos, atacó, asistió y hasta se dio el lujo de hacerle un túnel a Vidal. Su duelo contra el jugador del Inter fue impecable y todo un festín para el espectador neutro.

 

 

El equipo de Reinaldo Rueda no era la Chile bicampeón de América que gobernaba el partido con la pelota y castigaba con el vértigo. En Caracas fue un equipo muy espeso, que le costó salir de la presión Vinotinto o encontrar espacios cuando replegaba la selección nacional. Incluso cometió muchos errores no forzados, la mayoría en la figura de Paulo Díaz. Peseiro olió sangre y se olvidó que más de una vez Farías fue a buscar los partidos ante Chile y terminó con las tablas en la cabeza. Le dio ingreso a Soltedo y Rómulo Otero, ese 4-3-3 (muchos ratos 4-1-4-1) pasó al 4-2-3-1, que era la opción ofensiva que había ensayado Dudamel, justamente en la capital el año pasado ante Bolivia y Trinidad y Tobago.

 

En una jugada que tiene la participación del “Escorpión” y Soteldo, que se ensució un poco por un centro que no pudo rematar Machís, despejó la defensa, pero el balón le quedó a Junior Moreno, que como “5” no hizo a añorar la figura de Tomás Rincón. El volante del DC United abrió con Soteldo por la derecha, este demostró que en cualquier banda es una daga al corazón y le dio un centro con ventaja a Rondón. El “Gladiador” estaba fusilado, desde hace varios minutos su desgaste físico era ostensible. Esos días sin ritmo de juego y de solo entrenamiento en Málaga se notaron en cada control. Pero sin una opción en el banco que convenciera a Peseiro, se la “jugó” con el máximo artillero de la selección. La apuesta no le salió mal, porque el oriundo de Catia anticipó a su marca y gritó su gol número 31 con el elenco patrio.

 

En un par de entrevistas Dudamel asomó que podía jugar con línea de tres, por la cantidad de centrales con los que contaba, pero nunca lo puso en práctica. En el final del cotejo, Peseiro no se ruborizó para poner una línea de cinco con el ingreso de Jhon Chancellor y Oscar Conde (debutó). En los últimos minutos Chile quemó las naves y arrinconó a la selección. Desde la transmisión televisiva se rezó el Padre Nuestro. Pero esta vez la Roja no metió uno de sus habituales goles de última hora.

 

El DT lusitano fue flexible, cambió varias veces en el partido y le ganó el pulso a un viejo zorro de los banquillos de Conmebol como Rueda. Las expectativas de una Vinotinto que atacara y compitiera no solo para sacar ceros en su arco, sino para ganar, se cumplieron. El deseo de las masas se convirtió en realidad, en un momento donde ambos tenían que casar, para que el sueño de Catar 2022 se mantuviera vivo.

 

De las redes sociales se postularon muchos nombres como Richard Paéz o Giovanni Savarese, en el mes de octubre. Pero en noviembre las aguas se calmaron y ahora piden tiempo para que trabaje el europeo. El seleccionador siempre ha recalcado que necesita un mes (solo lo tendrá en la preparación para la Copa América) para un juego más ofensivo y que por los pocos entrenamientos se tenía que ser realista. El partido ante Chile es un espaldarazo para llegar “vivo” a la cita continental a mitad del año entrante, pero pocos se van a quejar de la nueva normalidad, que significaron los primeros tres puntos del Premundial, cuando la Vinotinto vuelva a competir en marzo.

Fuente: https://www.balonazos.com/

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